
El telar criollo
El telar criollo tiene su origen en el telar “aldeano español”, instalado en el Perú en 1559 y que se simplificó con el modelo más sencillo de telar americano. Posee una altura de poco más de un metro y medio y un ancho similar, esta jaula estructural sostiene la urdimbre horizontal, los lisos y los pedales. Para hacer los ribetes con flecos, característicos de los ponchos que se aplican en todo su contorno, se introduce un telar especial llamado flequero.
El telar criollo en Areco
San Antonio de Areco tiene en sus comienzos un hecho muy particular que es la instalación en sus tierras de la compaña de Jesús, quienes en 1660 erigen la Capilla de Nuestra Señora de Begonia. Sabemos que en casi todos los obradores los Padres Jesuitas enseñaron la tejeduría hispánica, si bien no hay documentación que lo testifique, sería probable aquí la existencia del telar, no como producción ya que estaban abocados a la fabricación de tejas. Esto es una parte de la historia del pueblo que aún se debe investigar.
El llamado camino Real, con la Posta de Figueroa, fue parte del camino al alto Perú, por el que se producían migraciones internas, en especial desde el centro de nuestro territorio hacia la zona rioplatense. Así lo relata uno de los cuentos de Juan Carlos Garavaglia, en "Hombres y Mujeres de la Colonia": ...Cuando fue Julián a buscar a Felisa Aguilar (1740), que lo esperaba en la casa de ambos en Pitambalá, para llevarla a un ranchito en Areco cargaron las pertenencias de Felisa en una carreta y entre las pocas cosas los palos del telar... Esta historia revela este trabajo femenino, que permitía el mantenimiento de la familia cuando el hombre no estaba y que daba lugar al desarrollo de una artesanía rural y mestiza con expansión hacia otros espacios.
Formalmente el telar criollo llega a San Antonio de Areco en 1936 con Doña Ramona Risso Patrón de Beristayn, invitada por el entonces Intendente José Antonio Güiraldes. Esta telera catamarqueña, que dirige la casa de fabricación de alfombras de Clementi Onelli en la Ciudad de Buenos Aires, inicia una Escuela de Telares Criollos, a la que asiste un numeroso grupo de vecinas y se exhiben los trabajos en la 1ra muestra denominada “Exposición tradicionalista”, acontecimiento que da lugar a la creación del Museo Gauchesco y Parque Criollo Ricardo Güiraldes.
Entre sus alumnas surgen hábiles tejedoras de ponchos y fajas, entre ellas la querida y siempre recordada Guida O’Donnell. A partir de este movimiento se produce una difusión de las técnicas textiles cuyo legado llega hasta nuestros días, desde la continuidad del telar criollo hasta las piezas que se conservan, que constituyen el patrimonio textil más significativo.
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